La mayoría de habitantes de Grañén saltaron de sus asientos ayer a las 9:57 horas y se pusieron a bailar. En ese instante, esta pequeña localidad de apenas dos mil habitantes situada en Huesca -Los Monegros- pasó a ser la envidia del país. Allí se había vendido el 58.268, el Gordo más gordo de la historia. Cuatrocientos mil euros al décimo. Cuatro millones a la serie. Vamos, un dineral para una provincia en la que hacía casi cinco décadas, 48 años concretamente, que no caía el primer premio del sorteo de Navidad.
«No me ha dado tiempo a llorar», explicaba abrumada Pilar Azagra, la encargada de vender desde su despacho en la calle Joaquín Costa la felicidad no solo a su pueblo, sino a toda la comarca y al resto de Huesca. Muchos hijos y nietos de vecinos compraron décimos el fin de semana aprovechando la visita a sus familiares.
«En el pueblo había mucha más gente, pero con la crisis han emigrado. Ahora espero que las cosas vayan hacia arriba», aseguró Azagra. Ella, como suele pasar en estos casos, no llevaba ningún décimo del número mágico, que estuvo vendiendo hasta el miércoles a última hora. Su marido, Fortunato Oriol, sin embargo, sí sabe lo que es que le toque la lotería. Aunque en 1963, anterior ocasión en la que Grañén fue agraciada con el Gordo, él solo tenía diez años, su familia fue una de las afortunadas por el bombo. En aquella ocasión el número de la suerte fue el 19.936.
«Vinimos a Grañén desde Rubielos de la Cérida -un pueblo de la Comarca del Jiloca, a 78 kilómetros al norte de Teruel- y mis padres montaron un bar en septiembre de 1963 y en diciembre les tocó la lotería», relata Oriol. Sus padres jugaron 25 pesetas y les tocaron 186.000 (1.117 euros actuales).
Recuerda que «el traspaso del bar les había costado 200.000 pesetas con lo que pudieron pagarlo casi en su totalidad con el premio de la lotería». El bar «funcionó durante muchos años», pero luego se traspasó y finalmente se construyó un hotel en el solar que ocupaba.
La suerte ha llamado dos veces a Fortunato Oriol, primero a sus padres, y ahora a la administración regentada por su mujer, pero se lamenta de que ninguno de los dos tenía décimos del número premiado. «Recorro los pueblos de la comarca entregando décimos, pero no me quedé con ninguno de ellos», reconoce Oriol, que cuenta que un establecimiento al que suele llevar lotería, cuando mostró el número ayer premiado (el 58.268) sus clientes lo rechazaron y le pidieron que les diera uno terminado en 5.
Hace 50 años la Administración de Loterías de Grañén no era la número uno de hoy en día, sino la número dos, regentada por Paquita Otín, según cuentan las crónicas del año 1963. Como ha ocurrido ahora, el Gordo estuvo muy repartido entre los vecinos.
La suerte del camionero
Entre los afortunados del sorteo de ayer se encuentra la Asociación de Amas de Casa de Sodeto. Esta localidad de Los Monegros nació a través del Instituto Nacional de Colonización y Desarrollo Rural, el organismo creado por el régimen franquista para repoblar zonas rurales después de la Guerra Civil. Las mujeres de esta pedanía de Alberuela de Tubo, que no supera los 400 habitantes, adquirieron los décimos en la capital de la comarca «para soñar en estos tiempos tan complicados», aseguraron.
Además de a esta agrupación de mujeres, la administración de Grañén también vendió el número premiado a dos bares de Huesca y a uno de la localidad de Tardienta. Uno de estos establecimiento hosteleros es el 'Carlitos', abierto hace un mes en la capital oscense por una familia rumana, y repartió 38 series -380 décimos- en los clientes. Alberto, camarero, de uno de estos negocios tenía medio décimo con un compañero y entre lágrimas de felicidad y alivio aseguraba que «el primer pensamiento fue para mis hijos, que les hacía mucha falta porque teníamos un negocio que nos había salido mal. Tapará agujeros», confesó.
El azar, siempre caprichoso, quiso que 23 décimos fueran a parar a Castilla y León, tres a la localidad vallisoletana de Pedrajas de San Esteban y otros veinte a Barruecopardo, en Salamanca. Los trabajadores de la empresa Fitosa de Molina de Segura, Murcia, también fueron agraciados con el primer premio de la lotería de Navidad. Ángel Martínez Zaragoza, camionero de la compañía preguntó hace un mes a sus compañeros al conocer que tenía que transportar maquinaria a tierras oscenses: «Voy a Huesca. ¿Os traigo lotería ?». La respuesta fue afirmativa y ayer bañaban en cava a Ángel celebrando los 400.000 euros obtenidos por cada uno de los diez décimos adquiridos en Grañén.
El protagonista de la historia, pese a la lógica alegría, aseguraba que «no da para retirarse, vender el camión y dejar el trabajo, por lo que habrá que seguir haciendo portes». El polígono murciano en el que se asienta la firma, sin embargo, era todo una fiesta con tracas incluidas.









